sábado, 29 de agosto de 2009

La muerte de un pensamiento

Como si de un sueño se tratase desperté en mi cama, mi cuarto, mi casa, mi isla. Todos los pensamientos que rondaban mi cabeza desaparecieron, ya no reflexionaba, no pensaba, no existía. Se acabaron los estímulos intelectuales y volví a sumarme a la rutina isleña del conformismo. No puedo decir que no lo intenté, porque lo intenté y topé con un muro difícil de romper. Mis ideas se perdían como la luz del flash de mi cámara cuando intenta fotografiar un objeto lejano en la noche. No puedo coger mi bicicleta y marcharme, buscar el lugar a donde quiero ir porque no sé dónde está, no sé por dónde empezar a vivir. Mis frustraciones políticas no van a ningún lado, mis conversaciones hace días que carecen de perspectiva y profundidad, son sólo palabras ligeras que se lleva el viento. Mi vida laboral deambula entre la frustración y la impotencia y no sé cómo ponerle remedio.

Puedo sentir como una parte de mí comienza a morir, prefiero pensar que simplemente se está quedando dormida, una consciencia aletargada a la espera de un estímulo primaveral que le devuelva la energía necesaria para sentirse capaz de mover el mundo que le rodea en la dirección que más le favorezca. Pero mis pensamientos siguen muriendo, pero las conversaciones, como hiciera en mi cuarto por mucho tiempo, las mantengo a solas, con migo misma, rozando la fina línea que delimita la cordura de la sinrazón. Ya no es soledad lo que siento, es incomprensión, es soledad intelectual, es un vacío que nadie que conozca puede llenar.

Seguiré avanzando, buscando la manera de alimentar mi mente mustia a la espera de un nuevo cambio que parece impensable. Recuerdo la vida que tuve, la vida que quise, la vida que voluntariamente dejé atrás, mejor será recordar con nostalgia, con cariño, y no pensar en ella como una pérdida, sino como uno de tantos pilares que conforman vida y mi propia persona.

2 comentarios:

  1. En verdad los grandes acontecimientos de nuestra vida ocurren calladamente, nadie se inmuta, nadie se detiene a mirar, es como si el dolor fuera invisible, como si la soledad no se cargara en el rostro, como si las arrugas no fueran mas que lineas en la cara...
    a la espera de un mundo menos vacio, menos lleno de tecnologia y de mnuerte la vida se consume colo la vela (dejando una sombra deella)

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  2. Nosotros somos esa vela, y es ése silencio callado que deja pasar nuestras vidas el que no nos permite darnos cuenta de lo atrapados que estamos en nuestros propias muros de barro. Pero la pregunta que yo me planteo es: para aquellos que logramos darnos cuento, que podemos oir el paso de nuestras vida ¿somos unos privilegiados de tener ese conocimiento o, como otras tantas perversiones de la vida, estamos condenados a ser conscientes de nuestra inexorable desgracia?

    Gracias por el comentario, se agradece que alguien lea estas palabrillas

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